Un par de apuntes de una ciudad templaria

Ayer, en una tregua que nos dió la lluvia, salimos a pasear por Jerez de los Caballeros .

Según la wikipedia, su población ronda aproximadamente  los 10.000 habitantes, entre la ciudad principal y sus diferentes pueblos. 
Creo que ese es uno de sus principales encantos, que no es una gran ciudad, sino un gran pueblo, donde todo el mundo se conoce, al menos de vista. De ahí las miradas curiosas con las que nos brindaban en cada ocasión que nos cruzábamos con alguien…eso sí, el “buenas tardes” siempre en su boca y casi siempre bordada con una sonrisa. Que lo cortés no quita lo valiente.
Su parte vieja tiene ese encanto de calles estrechas, adoquinadas, donde el tráfico de coches es prácticamente inexistente. Aunque eso no es excusa para los lugareños, capaces de conducir rozando las verjas de las ventanas con los retrovisores y machacando día a día los amortiguadores con los adoquines. Me río del París-Dakar. Aquí se que hay que sufrir conduciendo.
Esas calles empedradas forman parte de un laberinto en el que te puedes perder sin darte cuenta, paseando como vas ensimismado en los detalles de fachadas blancas manchadas con ventanales de madera pintadas en colores vivos, destacando algún que otro balcón o patio en los que se vislumbran macetas con flores recién sacadas de las primeras sesiones primaverales.
Y esos adoquines te hacen tropezar e introducirte en esas maravillosas bodegas, tascas de pueblo labradas en roca viva, donde no haría falta ni siquiera una nevera para mantener ese vinito pitarra fresco, acompañado de unas olivas pochas, o de alguna parte del cerdo ibérico. 
Recuerdo la primera vez que vine y me llevaron a una ermita…cuál fue mi sorpresa cuando dicha ermita era uno de los bares más originales en los que he consumido de mi vida… porque sí, era una ermita acondicionada como un bar-restaurante. Lástima no poder ilustraros con una foto, ese monumento a la controversia ya no existe.

Pero tiene otros detalles tan o al menos igual de pintorescos. 
Los letreros de las calles son pequeñas artesanias en cerámica, incluso los números de los portales de las mismas se plantean en este formato. Todo en las fachadas intenta ser lo más armonioso posible para mantener ese efecto de edificación antigua, con solera, con historia, con humanidad entre sus paredes y techos…aunque siempre habrá un aparato de aire acondicionado que afee esta impresión, pero que le vamos a hacer, esto ocurre hasta en la gran capital.
Y qué decir de la Semana Santa Jerezana… proclamada de interés turístico internacional. 
Horas y horas de procesiones de cofradías, con los encapuchados nazarenos, los estandartes, las maravillas de los pasos a hombros de los costaleros, las bandas de música con sus instrumentos de viento y percusión interpretando esas marchas y canciones solemnes y a la vez orgullosas, interrumpidas de vez en cuando por algún improvisado interprete de saetas dedicadas a la Virgen….

En fin… hasta aquí la pareja de apuntes de una ciudad templaria, porque si sigo hablando van a ser más de un par de apuntes… pero es posible que me anime a seguir comentando lo impresionante que es la entrada a esta ciudad al atardecer, con sus seis torres de iglesias iluminadas contra el cielo rojizo…
Pero eso forma parte de otra historia…digo post.
#Hedicho
PD: Perdonad la calidad de las fotos. Me encanta la fotografía, pero sé que no paso de ser un aficionado de andar por casa en calzoncillos. 😉

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