Y desapareció por la alcantarilla

Pero no sin antes mirarme fijamente.

Parecía curiosa, intrigada, atenta a todos mis movimientos. Ciertamente estos eran inexistentes. Me había quedado de piedra. Totalmente inmóvil.

Desde luego no esperaba encontrarme con aquella situación. Acababa de acostar el coche y en ese momento cerraba la puerta de seguridad de entrada del garaje. Los aposentos de mi batmovil se encuentran en medio de una calle sin salida, el típico callejón que a ciertas horas intempestivas no suele estar demasiado iluminado. Vamos, que nunca quedaría allí con los amigos para echar un mús. Y allí me la encuentro. Al principio realicé todos los movimientos acostumbrados cuando salgo del aparcamiento. Mano izquierda al bolso, extracción del paquete de tabaco, saco con la derecha un trujas, vuelvo a su ubicación habitual el tabaco, mano derecha al bolsillo delantero del pantalón del mismo lado, la saco armada del mechero…y en el momento de inventar el fuego y acercarlo al cigarrillo me doy cuenta de que no estoy solo.

Una rata en medio de la calzada me está mirando. Está de pie.

Rata disfrutando de un buen Idiazabal

Sí, de pie. Erguida, apoyada sobre su trasero y patas traseras. El rabo hace figura de media luna, como si fuera una especie de ancla donde apoyarse y no caerse. Parece curiosa y desde luego no parece asustada. Olisquea, o al menos eso me parece a mi, el aire. Casi parece que le gusta el humo de mi cigarrillo, que por cierto, se está consumiendo poco a poco en la comisura de mis labios. Transcurren los segundos. No puedo aseguraros si fueron minutos, aunque a mí me parecieron horas. La rata no era muy grande. Unos veinte centimetros, metro arriba, metro abajo. El color gris oscuro, ceniciento, manchado de txirimiri, con lo que se podían distinguir sus orejas, sus ojos oscuros, sus patas delanteras… De repente el humo me empieza a molestar los ojos, impidiendo visualizar claramente a tan distinguida compañia. Realizo el movimiento típico con la zurda para descansar los labios del peso del cigarrillo y de repente…la rata también se mueve. Despacio. Sin prisas. Apoya la tracción delantera en el suelo mojado y mueve la cola en linea recta con el cuerpo. Jode con el bicho. Creo que con el ancla en posición horizontal llega a los cuarenta centimetros, metro arriba, metro abajo. Un escalocaliente empieza a recorrerme la espalda, desde la nuca a la rabadilla. Por fín me decido y realizo un movimiento estratégico. No recuerdo  si fue paso adelante o paso atrás. Seguramente no me desplacé más que unos milimetros. Pero tal atrevimiento por mi parte, convence a mi rabuda compañera para tomar las de Villadiego. Pero sin prisas. Media vuelta como los toreros vigilando al morlaco cuando se ponen de espaldas a sus cuernos. Empieza a recorrer un trozo de calzada, cuando se detiene. Y vuelve a erguirse. Mueve la cabeza en ambos sentidos, como asegurándose que no hay obstáculos a la vista. Nada ni nadie parece amenazar su paseillo nocturno por el callejon Diagón. Yo en ese momento soy nadie. Cuando recupera su posición natural de a cuatro patas, o al menos yo pienso que esa es su posición, se vislumbra en la entrada de la calle los faros de un coche que viene a descansar en alguno de los garajes ubicados en la solitaria calleja. Eso ya parece que la obliga a moverse más deprisa. En menos que canta un gallo de pelea, la susodicha roedora sigue el curso del agua de la lluvia, y estirándose como no os podéis imaginar introduce su oscuro y peludo cuerpo por un agujero de apenas tres centímetros.

Y desapareció por la alcantarilla.

Terminé el cigarrillo, todavía un poco aluflipado con lo que había visto. Me imagino que tú, amable visitante de este humilde blog, te habrás percatado de que no tengo especial cariño a las ratas. Tuve de pequeño un desafortunado y desagradable encuentro con una cuadrilla de esta especie y desde entonces no son de mi agrado. No sé si llega a fobia.

El gran cocinero

Simplemente es un rechazo a esta especie animal. Con deciros que la película Ratatouille no me entusiasma y eso que soy ávido consumidor de dibujos animados.

En algún momento de mi ávida vida de lector, leí que el gran Einstein afirmaba lo siguiente: si las ratas hubieran evolucionado fisicamente hasta tener un cuerpo de unos veinte kilogramos de peso, posiblemente serían la raza dominante en la tierra, debido al desarrollo de su cerebro, a su capacidad de reproducción y a su casi total inmunidad a las enfermedades. No sé a vosotros, pero a mi solo de pensar en una rata de ese calibre, me entra un escalocaliente tremendo, esta vez de recorrido por el cuerpo entero. Imaginaros por un momento, que esos ejercitos de millones de ratas que viven en las alcantarillas de las ciudades bajo nuestros pies, decidieran darse una vueltecita por nuestras calles, casas, bares, comercios…Pero dejemos de pensar en cosas desagradables. Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible…o eso quiero pensar yo!.

De todas formas, en estos días inciertos que estamos viviendo, nos cruzamos diariamente con otro tipo de ratas. Algunas nos han metido en la crisis económica. Otras prometen que nos sacaran de ella. Otras roban, matan, violan…Esas son las que más nos tienen que preocupar. De las de cuatro patas que a veces se yerguen, siempre habrá una raticida adecuado para exterminarlas. Aunque en dos meses no sirva de nada más que de alimento a las rabudas.

Mañana tengo que coger el coche. Os aseguro que iré despacito por si me encuentro con la roedora visitante de ayer. Por lo menos no me pillara desprevenido. Igual hasta le ofrezco un trujas. Sólo falta que empiece a hablar diciéndome: “pero todavía no sabes que eso te puede matar?”.

Imagen de previsualización de YouTube


Share

7 pensamientos en “Y desapareció por la alcantarilla

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Pingback: Y desapareció por la alcantarilla

    • Muchas gracias guapa!
      Si, ya sé que las ratas más grandes de dos patas son las mas peligrosas, pero a esas ya estoy acostumbrado e incluso se puede decir que inmune.
      Las roedoras rabudas me siguen dando un poco de repelús.
      Gracias por la visita.
      Besote lluvioso!

  3. Pingback: Y desapareció por la alcantarilla

  4. Pingback: Y desapareció por la alcantarilla | Noticias - d2.com.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *