Las tribulaciones de Joseba… reunión de hermanos.

Y cómo va a desarrollarse el capítulo cuarto de las tribulaciones de Joseba?. 8)

@Yomisma1981 en “Conversaciones a media luz” de su blog esloqueyocreo.com, nos deja con varias incógnitas (por cierto, gracias por complicarme algo más el trabajo mitxoleta jejeje… ). Resumamos un poquito las situaciones para refrescarnos el cerebelo…aunque con el fresquete que hace últimamente no haría falta… 8) :

–       Será la discusión entre Xabier y Ainhoa una de tantas o el principio del fin?.

–       Ander llegará muy tarde?.

–       Ainara admitirá que Joseba le ayude a escribir la carta al Olentzero?

Pues como no tengo ni idea, pasemos la página y entremos en el cada vez más complejo pero cotidiano mundo de las tribulaciones de Joseba… 8) .

 Capítulo IV: “Reunión de hermanos”.

No me podía dormir. Hasta mis oídos llegaban los ecos de la conversación a media luz entre los aitas. No me gustaba escucharles hablar de esa manera. Pero…que podía hacer yo?.

De repente, y entremezclándose con el batiburrillo de mis pensamientos, creí escuchar unos murmullos en el pasillo, al lado mismo de la puerta de mi cuarto…bueno, del cuarto que compartía con mi hermano mayor Ander.

Y no eran murmullos. El aita había pillado infraganti a mi hermano entrando en casa (con las zapatillas en la mano para no hacer ruido). Justo cuando Ander estaba abriendo la puerta de la habitación, entraba por la misma la voz apagada y cansada del aita:

–       Ander hijo…por qué haces esto?

–       A qué te refieres aita? – contestó mi hermano con una voz medio camino entre asustada, cansada y pasota.

–       A tu desobediencia día tras día. Hace más de dos horas que tenías que estar en casa. No sabemos muy bien dónde andas, y lo que haces. Estoy convencido que tus amigos disponen de más dinero que tú para poder salir y disfrutar. Espero que no estés haciendo tonterías para poder seguir su ritmo.

–       Aita, mesedez!… déjame en paz!… no estoy haciendo nada malo, simplemente he llegado tarde porque nos hemos quedado hablando del partido de fútbol y se me ha ido el santo al cielo. Además no es tan grave… seguro que la ama no está preocupada. Ella confía en mí más de lo que nunca has hecho tú.

Xabier quedó un instante callado. Conociendo al aita, seguro que su primera reacción hubiera sido darle un bofetazo a Ander para que se le fuera de inmediato tanta tontería. Pero como siempre, miró fijamente a mi hermano. No lo veía, pero estoy seguro que a través de sus ojos se podían ver las tuercas de los pensamientos moviéndose a toda velocidad. Suspirando, con voz calmada, le respondió:

–       Ander…los dos te queremos y confíamos en ti. Eres lo suficientemente mayor como para saberlo. Como para saber también la situación económica en la que estamos. Estamos haciendo grandes sacrificios para que podáis seguir teniendo una buena vida, pero a veces tenemos que pediros más responsabiliad por vuestra parte. Entre ellas está la de intentar cumplir las normas. Creo que no es mucho pedir por nuestra parte.

Esperaba como siempre la reacción brusca, la mala contestación de Ander. Pero no fue así. Algo en la mirada del aita hizo callarse a mi hermano. Seguramente sólo pasaron unos segundos, pero a mí me parecieron varios lustros.

–       Anda hijo, vete a la cama. Sólo te pido que reflexiones un poco las cosas. Descansa. Mañana será un nuevo día… y si no te supone mucho esfuerzo, ayuda a Joseba con Ainara. Le he pedido que escriba la carta al Olentzero con ella. Ya sabes lo caprichosa que es la enana. Pero estoy convencido que los dos juntos podréis convencerla de que este año… el carbonero no puede repartir todos los regalos que deseamos.

Ander entró en nuestro cuarto. En la oscuridad no podía ver su cara, pero estaba mirando fijamente en dirección a mi litera. Apenas percibí los ruidos de sus pasos. Sólo podía imaginar como se desvestía y se ponía el pijama. Y adiviné que se metía en la cama por el ronroneo que producía el edredón nórdico al levantarlo e introducirse en ella.

Lo que más me sorprendió fue lo que creí escuchar un poco más tarde. Algo así como sollozos.

Al día siguiente, en la mañana de domingo, me despertaron una especie de ruidos extraños, estridentes.

Bostezando, intentando abrir los ojos, me dirigí a la cocina. Casi no podía creer lo que mis todavía dormidos ojos intentaban vislumbrar.

Mi hermano Ander había preparado el desayuno. Colacao calentito con tostadas y galletas. Había levantado a Ainara y le estaba convenciendo para que comiera una tostada más con mermelada. Medio riendo, medio cantando, Ainara se hacía de rogar como siempre, pero empezó a mordisquear otra tostada. Escuché a Ander diciéndole:

–       Esta es mi sorgintxiki! Así me gusta que nos alimentemos bien para poder escribir la carta al Olentzero!. Por cierto maitia… ya has pensado qué regalo vas a pedirle?

Riendo y con un chorretón de mermelada en la comisura de los labios, Ainara le contestó:

–       He pensado un montón de regalos, por qué dices sólo un regalo?.

–       Porque este año Olentzero tiene tanto trabajo que solamente puede traer un regalo a cada niño. Y hay que intentar que no sea muy grande, para que puedan caber toooooodooooosssss los regalos en el saco del carbonero.

Ainara frunció el ceño. Con aquello no contaba. Miró muy seria a nuestro hermano. Se veía venir una de sus salidas medio histéricas con las que al final siempre conseguía todos sus caprichos.

–       Bueno, entonces pediré una trapuko panpina como la que tiene mi amiga Nekane. Así podremos jugar juntas!. – y remató el comentario con una de sus maravillosas sonrisas.

Me quedé ensimismado en la puerta. No sabía si creérmelo o simplemente es que todavía estaba soñando. De repente, me di cuenta que Ander me miraba. También estaba sonriendo. Con esa sonrisa parecida a la del aita. Con esa sonrisa que hacía desvanecerse toda preocupación. Y me lanzó un guiño de complicidad.

Que mis hermanos estuvieran despiertos antes que yo un domingo, era algo extraordinario. Que Ander hubiera hecho el desayuno, era algo extraordinario. Que Ainara no hubiera protestado con la carta al Olentzero y solo quisiera una muñeca de trapo era algo extraordinario. Haber visto ese guiño en la cara de mi hermano era algo añorado.

Para mí ya había llegado el Olentzero.

De repente, se oyó un grito a través del pasillo:

–       Josebaaaaaaaa… ven aquí inmediatamente!.

La ama se había despertado ya. Y algo no le había gustado. De repente la alegría se fue para dejar paso a la preocupación.

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6 pensamientos en “Las tribulaciones de Joseba… reunión de hermanos.

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    • Kaixo kaixo Pablo,

      Si todo va bien y creo que irá el próximo capítulo estará la tarde de navidad en mi blog 😉

      Mila esker por tus palabras, y me encanta que te guste 🙂

      Un besazo!

  4. Kaixo laztana,

    jeje! ya le has metido otra vez el miedo a Joseba? por dios! que es navidad! jejejeje! bueno, bueno, vete preparandote para contestar a mi bertso-post navideño!

    Muxu handi bat

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