Las tribulaciones de Joseba…”Año Nuevo de Esperanza”

Espero que hayáis entrado en el año nuevo con buen pie…al menos sin  muchos tropezones y con un poquito de esperanza en que el 2012 sea un año mejor que el vivido.

Antes que nada, agradecer a @Yomisma1981 la publicación del capítulo V de las tribulaciones de Joseba, Horra! Horra! Gure Olentzero!… una gozada leer las historias de Olentzero.

Mila esker mitxoleta! Así da gusto y no me importa nada que compliques las cosas!.

Pues aquí estamos el día de Nochevieja. Qué ocurrirá?.

Ainara se portara mal o bien?

Ander llegará tarde a cenar?

Descubriremos porque la ama de Joseba, Ainhoa, está tan seria con el aita, Xabier?.

Todo esto y mucho más en este primer capítulo de las tribulaciones de Joseba del año 2012.

Feliz Año Nuevo a tod@s!

Urte Berri On denori!

Capítulo VI: “Año nuevo de esperanza”

Vaya nochecita de vispera de Nochevieja!

No había dormido muy bien. Y es que no habíamos parado en toda la semana. Que si ir a la piscina con los primos, que si merendar en casa de la abuela, que si cuidar de Ainara y su Sorgintxiki, esa muñeca de trapo que le había traido Olentzero… realmente estaban siendo unas vacaciones de Navidad un poquito estresantes, de aquí para allá sin parar.

Pero estaba muy contento.

La Nochebuena había sido todo un acontecimiento y todos habíamos tenido regalos que nos habían gustado.

El mío en ese momento me estaba haciendo cosquillas en el moflete. Ikatz me decía que ya era hora de levantarse!. El gatito negro como el carbón venía todas las mañanas a nuestro cuarto para ver si estaba todo en orden. Primero se restregaba con la ropa que mi hermano Ander dejaba tirada en el suelo. Luego se subía a su cama a la altura de los pies para comprobar que esos ruidos raros eran de bienestar, no de preocupación. La verdad que Ander roncaba tanto o más que el aita. La ama había comentado que tenía que ir con mi hermano al especialista. No era normal que a su edad ya parecia una locomotora del siglo pasado cada vez que concialiaba el sueño.

Y luego, muy despacio, Ikatz trepaba a mi cama y realizaba el recorrido desde los pies hasta la almohada, despacito, sin prisas, para no alterar mi sueño. Aunque yo siempre estaba despierto, porque aunque no hacía ruido, notaba como sus patitas iban recorriendo el edredón. Me encantaba ese momento. Sus bigotitos contra mi cara y a veces ese lametazo de lengua que parecía una lija del siete, eran lo mas agradable que podía pasarme cada mañana.

Ya casi se había hecho dueño de la casa. Era increible como un animalito tan pequeño podía adaptarse tan rapido a una nueva casa. Bueno… pensándolo mejor, tampoco era tan extraño. Cualquier sitio era mejor que donde estaba antes. El aita lo había recogido del refugio de la protectora de animales. La historia de Ikatz era la de otros muchos gatos y perros. Tristemente había sido abandonado.

El aita lo primero que me dijo cuando tuve en los brazos a Ikatz fue:

–        Joseba maitia, el gatito no es un juguete. Es un compañero al que tenemos que cuidar y nuestra responsabilidad es intentar que sea uno mas de la familia. Ya verás como poco a poco Ikatz te lo agradecerá a su modo. Ten en cuenta que los gatos no suelen ser tan cariñosos como los perros. Déjale que se acerque cuando él quiera y disfrutaras de un amigo para siempre.

Y era verdad. En esos días Ikatz se había acercado a toda la familia. Ander la verdad, no le hacía mucho caso, pero siempre que pasaba cerca de sus piernas, bajaba la mano para acariciarlo y sonreia. A Ainara no se acercaba tanto, porque enseguida la txiki intentaba cogerlo y jugar a las muñecas con él. Costó explicarle que Ikatz no era un gato de trapo como su muñeca. Pero sorprendentemente lo admitió. Era increible como el ambiente navideño había transformado a la pequeña de la familia. Cuanto duraría?.

A quién más se acercaba Ikatz era al aita y a mi. Sabía que de nosotros dependía que su bol siempre tuviera pienso y agua. Y que su baño siempre estuviera limpio y en condiciones. Todavía me sorprendía lo  pulcro que podía ser el gato. Al día dormía 14 horas y de las restantes se pasaba 8 horas lamiéndose y adecentándose. Casi hasta me daba un poquito de vergüenza. A mi me costaba quitarme las legañas todas las mañanas.

La que parecía no disfrutar de Ikatz era la ama.

Y eso que no se disgustaba cuando el gatito se restregaba contra sus piernas. Simplemente suspiraba, se agachaba y le hacía cosquillas en la cabeza un ratito, provocando su ronroneo. Luego le daba una palmada en el trasero y volvía a sus quehaceres.

Aquella mañana de nochevieja, después de quitarme a Ikatz de encima, escuché ruidos en la cocina. Me imaginaba que sería el aita. La ama solía quedarse un ratito más en la cama los días de fiesta.

Me levanté desperezándome todo lo posible para estar a la altura del aita. Era increible la vitalidad de Xabier por las mañanas. Todo eran sonrisas y buen ánimo, teniendo siempre una frase graciosa para alegrarnos el día.

Pero cual fue mi sorpresa cuando ví que la que hacía ruidos en la cocina era la ama.

La encontré sentada en la mesa, con una taza de café humeante en la mano y mirando ensimismada la pared donde teníamos un reloj imitación de cuco. Y digo imitación porque ni siquiera salía el pajarito para cantarnos las horas. Y siempre atrasaba. Cada semana el aita tenía que ponerlo en hora.

–        Egunon ama! Qué madrugadora estas hoy, no tendrás que ir a trabajar no?.

La ama dió un respingo. No se esperaba a nadie en la cocina a esas horas. Y justo cuando se volvió para contestarme, pude ver que sus ojos estaban brillantes…como cuando quieres llorar, pero no puedes hacerlo y te sientes peor todavía.

–        Egunon Joseba maitia…porque te levantas tan temprano? Hoy no has quedado con los primos no? – me contestó pasándose la mano por las ojeras, que cada día las tenía más pronunciadas.

–        No hoy no he quedado. Además, hoy no viene el tío Jon? – mi tio Jon era el hermano pequeño de la ama. Siempre venía a cenar con nosotros en Nochevieja.

–        No maitia, el tío Jon este año no puede venir. Hoy cenaremos en casa sólo nosotros. Pero seguro que vendrá la vispera de Reyes. Igual hasta te trae un regalo!

Intentó sonreir, pero la sonrisa se transformó en un gesto de angustia. Estiró los brazos y me hizo un gesto para que fuera a su lado. Y me abrazó. Qué a gusto me sentí. Hacía tiempo que no saboreaba un abrazo de la ama. Algo húmedo resbalo por mis mejillas. Al levantar la cara ví que la ama estaba llorando… sonreía esta vez, pero lloraba sin parar.

–        Qué te pasa ama? Estas mal? Qué te duele? Quieres que vaya a buscar al aita?.

–        No maitia… no me duele nada…solo que estoy preocupada y tengo que decirle algo al aita…pero no sé cómo hacerlo.

–        No te preocupes ama. Simplemente díselo. Aita siempre tiene soluciones para todos.

Me miró algo sorprendida. Enjuagó sus lagrimas y me dió un beso, acariciándome la cara. Se levantó y empezó a sacar cosas de la nevera y ordenándolas en la encimera. Su rostro se volvió otra vez serio.

El día transcurrió sin ton ni son, jugando con Ikatz, jugando con Ainara y procurando no molestar mucho a los aitas. Hacía muy mal tiempo y no paraba de llover. Mi hermano Ander había dicho en casa que había quedado con sus amigos, aunque yo sabía que había quedado con una chica. Sólo deseaba que no llegara tarde para cenar.

Pero sí. Lo volvió a hacer. Llegó tarde. Ese era Ander. Capaz de lo mejor y de lo peor. Hasta el aita se mostró serio con él.

Nos sentamos a la mesa y disfrutamos de la cena. Sobre todo yo. El aita había preparado gulas, con ajito y cayena. Me encantaban. El ambiente no era de mucha celebración la verdad. Sólo se escuchaban las canciones del especial en la tele, las risas estridentes de Ainara, alguna carcajada de Ander, provocada por los chistes del aita y poco más.

Y se notaba que la ama estaba triste.

Justo antes de las campanadas de medianoche, ama se levantó de la mesa y se fue a la habitación. El aita no parecía sorprendido. Nos miró sonriendo, nos guiñó un ojo y dijo que fuéramos preparando las raciones de 12 uvas en las copas. Se levantó y siguió a la ama.

Y escuchamos la conversación a medias. Los ruidos de Ainara revoloteando alrededor de la mesa y de las campanadas de la tele nos impedía oir las palabras que venían desde el pasillo.

–        Siento mucho no habértelo dicho antes Xabier. – dijo la ama.

–        Ni te preocupes Ainhoa, laztana. Yo habría hecho lo mismo. Tú tranquila que saldremos adelante. Te parece que se lo digamos a los niños el lunes?. Se sorprenderán sino cuando te vean en casa. – dijo el aita.

Y Ander y yo nos quedamos con las ganas de enterarnos de más. De repente, me dí cuenta que las campanadas ya habían sonado. Qué desastre!. No habíamos comido las uvas!.

De repente mi hermano se levantó raudo y veloz, tomó una sarten del mango y en la otra un cucharón y justo cuando entraban los aitas abrazados gritó:

–        Señores espectadores, atención van a empezar las campanadas de año nuevo. No se atraganten con las uvas por favor. Urte berri on denori!. – y acto seguido comenzó a golpear la sarten, cual campanadas particulares de nuestro viejo reloj de cuco.

Ainara rió divertida.

El aita le miró a Ander agradecido y enseguida empezó a comer las uvas y a cantar.

La ama sonreía, lloraba, e intentaba comer las uvas entre carcajadas.

Y yo agradecí que nuestra casa se llenara de risas en Nochevieja.

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5 pensamientos en “Las tribulaciones de Joseba…”Año Nuevo de Esperanza”

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  4. Kaixooo!

    Pues tuvieron una buena entrada de año Joseba y su familia, aunque parece que el año nuevo no trae buenas noticias… aunque la esperanza está ahí siempre no??

    Urte berri on laztana, te ha quedado genial el capítulo 🙂

    Muxu handi bat!

    • Kaixo mitxoleta!
      No tuvieron mala entrada no, siempre es buena si las cosas acaban con risas y alegrías, aunque algunas veces estén bañadas en lágrimas de cocodrilo.
      Y desde luego, siempre tiene que existir esperanza.
      Mila esker eta urte berri on!
      Muxu haundi! 8)

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