Las tribulaciones de Joseba: Aventuras de papel

Por suerte, @Yomisma1981 le ha proporcionado a nuestro protagonista Joseba en el anterior capítulo de tribulaciones “La del pirata cojo” en su fantástico blog “Es lo que yo creo” una estupenda fiesta de carnaval casera, con toda su familia (menos la abuela Maria), sus amigos y una situación extraña para él, provocadora del color granate en el rostro de su hermano Ander y de carcajadas hilarantes a sus aitas, Xabier y Ainhoa y al siempre denostado tío Jon.

También ha descubierto el placer de la lectura, sumergiéndose en esos maravillos relatos de aventuras donde de repente eres un pirata cojo con pata de palo o un gentleman londinense dispuesto a ganar apuestas imposibles.

Pero la diversión se acaba y la fiesta ha marcado el comienzo de la rutina para Joseba. Ya está curado casi del todo y tiene que empezar a trabajar.

La vuelta a la ikastola!

 Capitulo XII: Aventuras de papel

 “… Picaporte había tomado a su amo por el cuello, y lo impelía con fuerza irresistible.

Phileas Fogg, así llevado, sin tener tiempo de reflexionar, salió de su casa, saltó en un cab, prometió cien libras al cochero, y después de haber aplastado dos perros y atropellado cinco coches, llegó al Reform-Club.
El reloj señalaba las ocho y cuarenta y cinco minutos cuando apareció en un gran salón.
¡Phileas Fogg había cumplido la vuelta al mundo en ochenta días!
¡Phileas Fogg había ganado la apuesta de veinte mil libras!
¿Y cómo, siendo tan exacto y minucioso, había podido cometer el error de un día? ¿Cómo se creía en sábado 21 de diciembre, cuando había llegado a Londres en viernes 20, setenta y nueve días después de su salida?

He aquí el motivo de este error. Es muy sencillo….”

  • Venga Joseba, es muy sencilla la pregunta, no hace falta que te quedes pensándola tanto tiempo. Parece que estás dando la vuelta al mundo.

¿Pero qué hacía la maisu en mis tribulaciones? O mejor dicho ¿Cómo había conseguido saber que estaba recordando el último capítulo de “La vuelta al mundo en 80 días” ?

La vuelta al mundo en 80 días

Lo peor de todo es que no tenía ni idea de la pregunta que tenía que contestar. Era la clase de matemáticas y la maisu andaba intentando introducir en nuestras duras molleras algo de trigonometría. En medio de unos cuantos bostezos disimulados, mi mente buscó alguna salida a tamaño aburrimiento. Y me encontré viajando alrededor del mundo con Phileas Fogg y su mayordomo Picaporte.

El fantástico libro que el tío Jon me había prestado había conseguido engancharme de tal manera que lo había terminado de leer en pocos días. Todas las tardes al volver de la ikastola después de la merienda, me sentaba cerca de la ventana (esta vez cerrada, no fuera a ser que cayera otra vez enfermo) y leía unas cuantas páginas amarillentas de la novela de Julio Verne. Eran amarillentas porque el libro en sí tenía más años que yo. Para mi gran sorpresa, el tío Jon tenía varias colecciones de libros que le había regalado la abuela María cuando era pequeño, más o menos a mi edad. Colecciones de autores que plasmaban las aventuras en papel, a cada cual más prodigiosa y fantástica.

Pero en aquel momento lo prodigioso fue como salí del atolladero en el que me había metido mi imaginación. Si Mr. Fogg consiguió superar ataques de indios, tormentas oceánicas y llegar a tiempo de ganar su increíble apuesta, ¿por qué no iba a poder responder a la sencilla pregunta, fuera cual fuera?

  • Lo siento andereño, pero creo que el problema no está bien escrito en la pizarra. Estaba intentando saber que es lo que está mal, pero no lo consigo. ¿Me podría ayudar por favor?

Era bastante cómico ver lo boquiabierta que la maisu se quedó después de mi sugerencia. Y sin embargo, después de pestañear varias veces a la velocidad de la luz, se dio la vuelta y empezó a repasar el problema escrito en la pizarra. Cual fue mi sorpresa y creo que la de todos mis compañeros, cuando muy despacio, cogió el borrador y borró un par de números escritos en la pizarra. Se dio la vuelta y mirándome muy fijamente, me dijo sonriendo:

  • Muy bien Joseba. Pensaba que estabas dando la vuelta al mundo y resulta que estabas atento al problema. Me alegro mucho por ti. Cosa que no puedo decir del resto de la clase – comentó dirigiendo una mirada seria a los demás.

No hace falta decir lo bien que me sentí aquel día. Había conseguido superar un problema con un poco de ingenio y decisión. Pensé que con lo que acababa de hacer me acercaba un poco más a los protagonistas de las novelas que estaba leyendo, como Mr. Fogg, o John Silver “El largo”. Me sentí un poquito héroe, aunque fuera en un mundo tan pequeño como el mío.

Me propuse seguir leyendo más libros. Nunca había pensado que me iba a divertir tanto leyendo, o al menos, que lo iba a pasar tan bien como jugando a la play. Además seguro que los aitas iban a estar de acuerdo.

Una tarde al volver de clase, me disponía a comenzar la lectura de “Miguel Strogoff”, después de haber devorado un bocata de chorizo de Pamplona, cuando me encontré con mi hermano Ander sentado en mi sitio de lectura favorito, al lado de la ventana. En un principio me invadió un sentimiento de enfado, ya que Ander sabía que a esa hora yo acostumbraba  a sentarme y leer un rato antes de hacer los deberes. Lo había estado haciendo desde hacía un par de semanas. Y como siempre pensé que quería fastidiarme.

Pero una mirada más atenta me hizo entender que apenas se había dado cuenta de mi presencia. Se diría que estaba en su mundo, con los ojos fijos en un punto lejano, ajeno a cualquier movimiento alrededor suyo. Un poco preocupado, pero queriendo seguir el espíritu aventurero y decidido que me había marcado, le dije:

  • Ander, me gustaría leer un poco al lado de la ventana. ¿Te importaría irte a pensar a otra parte?

Ander volvió de la galaxia donde estuviera, y mirándome primero como si fuera un bicho raro y luego sonriendo divertido, me contestó:

  • Vaya, hasta el enano de mi hermano Joseba me echa la bronca. Está visto que en esta casa ya no se puede tener un sitio tranquilo. Como además el tío Jon está echando la siesta en el cuarto, ya no puedo ni rascarme la tripa sin que alguien me diga nada.
  • ¿Quién te ha echado la bronca Ander? ¿Es por lo que hicisteis el otro día en la fiesta Lorea y tú?
  • ¡En la fiesta Lorea y yo no hicimos nada! – me gritó, con cara de pocos amigos.
  • Pues no sé si hicisteis algo o no, pero Lorea se fue echando virutas y tu te quedaste con la cara roja y muy quieto, como cuando Ikatz hace una trastada y espera que alguien le dé un manotazo en el rabo. Aunque creo que te molestó mucho más que empezaran a reírse los aitas y el tío Jon y…
  • ¡Mira enano! ¡Deja de ser el sabelotodo de la familia y esfúmate a otra parte! – y colocándose los auriculares del ipod, volvió el rostro hacía la ventana, dispuesto a ignorarme una vez más.

Allí me quedé, en medio de la sala con el plato del bocata de chorizo de Pamplona en una mano y un vaso de zumo de naranja en la otra. Lo único que pensaba en ese momento era porque ese carácter atrevido que me salvo en la clase no me había funcionado con mi hermano.

Medio encogiéndome de hombros, dirigí mis pasos hacía el cuarto del tío Jon. Intenté no hacer mucho ruido. Sólo quería coger el libro “Miguel Strogoff” de la estantería

Miguel Strogoff

El correo del zar

encima de la cama del tío Jon sin despertarle. Cual fue mi sorpresa, cuando abría la puerta y me encontré al tío Jon bien despierto, con la luz encendida y tumbado en la cama con un libro en las manos. Enseguida levantó la mirada y me sonrió.

  • ¡Joseba, camarada! ¡Qué es de tu vida! ¿Todo bien?
  • Kaixo tío Jon. Pues sí todo bien. Me preguntaba si me podía quedar aquí contigo leyendo el libro de Miguel Estrogón. Ander ha ocupado mi sitio de lectura en la sala y no me deja estar allí. Parece que está de mal humor.
  • No faltaba más Joseba. Toma el libro de Miguel Strogooooooff y ya que Ander ha ocupado tu sitio, ocupa tu su cama tranquilamente y disfruta de la lectura. Estoy seguro que tu y yo podremos aguantar el ruido del paso de las páginas del otro – dijo guiñándome – ¿o sea que Ander está enfadado? ¿Sabes por qué?
  • Ni idea. Pero tiene que ver con lo que ocurrió el día de la fiesta de carnaval, cuando los aitas y tú os empezasteis a reír.
  • ¡Jajajajaja! – el tío Jon empezó a carcajearse como aquel día – O sea que tu hermano está molesto por aquello. Ni te preocupes Joseba. Estoy convencido que el aita y la ama hablarán con él y se solucionara todo.
  • ¿Pero hizo algo malo? ¿O lo hizo Lorea, que se fue como si la persiguieran? ¿O lo hicieron los dos? ¿A qué viene tanto secreto?
  • ¡Jajajaja! Está visto que la lectura te está abriendo todo un mundo de preguntas interesantes. Repito: No te preocupes. Deja que los aitas hablen con Ander. No hizo nada malo y es lo que tiene que entender. ¿Alguna inquietud más dentro de ese cabezoncico que pueda ayudarte a comprender?

Así era el tío Jon. Siempre intentaba estar de buen humor y que los demás lo estuviéramos, aunque para ello se escaqueara muchas veces de conversaciones un poco serias y de preguntas escabrosas. Cómo decía el aita, siempre estaba viviendo el día a día, “carpe diem” y para ello, evitaba las complicaciones.

Pero yo seguía en mis trece. Sentía como mi espíritu aventurero florecía de nuevo. Y existía una pregunta que corroía mi cerebro infantil desde hacía tiempo. Hinché pecho, armándome de valor y la solté a bocajarro al tío Jon:

  • Pues ya que lo preguntas, te agradecería mucho que me dijeras porque la ama y la abuela casi no se hablan y casi siempre parecen enfadadas la una con la otra.

¡Diana!

El tío Jon se incorporó rápidamente, cerrando el libro que estaba leyendo sin siquiera poner el marcapáginas. Tampoco le hubiera dado tiempo, porque se le cayó al suelo. Mientras se sentaba en el borde la cama, me miró fijamente con cara seria. Ya no se reía, parecía que el tema era lo suficientemente importante como para guardar las carcajadas. Notaba como estaba rumiando la contestación. Me parecieron horas, pero en realidad fueron unos segundos cuando muy despacio dijo:

  • Joseba… – empezó dubitativo, escogiendo las palabras – la abuela y la ama se quieren mucho. Ocurre que tienen un carácter y una personalidad similares y cuando dos personas se parecen tanto pueden surgir problemas de entendimiento. Hace muchos años cuando tu aita y la ama se conocieron…

En ese momento la ama entró en la habitación con la cesta de la ropa sucia, dispuesta a recoger la ropa de deporte de la mochila de Ander. Estaba claro que había escuchado las últimas palabras del tío Jon y soltando la cesta bruscamente, se plantó delante de su hermano, amenazándole con el dedo y gritándole:

  • ¡Jon, haz el favor de callarte la boca y no meter la pata otra vez! ¡Sabes perfectamente que hay cosas que no se pueden decir en esta casa y menos a los niños!

Un pequeño estruendo de cristal roto y un dulzón olor a naranja invadió la habitación. No me esperaba la reacción de la ama y el vaso del zumo realizó caída libre hasta el suelo.

De repente, no me sentí ni valiente, ni atrevido. Sabía que mi curiosidad había levantado ampollas y era lo último que pretendía.

De repente, “La vuelta al mundo en 80 días” me pareció eterna.

Imagen de previsualización de YouTube

 


Share

7 pensamientos en “Las tribulaciones de Joseba: Aventuras de papel

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Pingback: Las tribulaciones de Joseba: Aventuras de papel

  3. Pingback: Las tribulaciones de Joseba: Aventuras de papel

  4. Kaixo!

    Pues algo bueno hemos sacado, a Joseba le ha entrado el gusanillo por la lectura… 🙂

    mmmm q secreto inconfesable tiene la amatxo q hace callar así a su hermano?? mmmmm que intriga oye!

    Como siempre genial!

    Muxu handi bat laztana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *