Las tribulaciones de Joseba: Tempestad inesperada

Ante todo y sobre todo, me vais a permitir expresaros mis disculpas ante la semana de retraso en este capítulo de las Tribulaciones de Joseba. Las tribulaciones del 1.0 de nuestro amigo Joseba le han impedido seguir el ritmo de la edición. 8)

Para refrescaros la memoria, os aconsejo que deis un repaso al anterior capítulo Elemental querido Joseba, que escribió Yomisma1981 en su blog Es lo que yo creo, o no?

Intentaré que en este capítulo se contesten algunas de las preguntas que quedaron en el aire y si se realizó esa visita de los aitas de Joseba a los abuelos.

Todo ello y mucho más en el capítulo XIV de Las tribulaciones de Joseba.

¡Gracias por estar aquí! 8)

 Capítulo XIV: Tempestad inesperada

 28 de diciembre de 1995
Kaixo Jon:
Sé que hace tiempo que no hablamos, pero entenderás que después de lo ocurrido en la comida con los aitas el otro día, no me apetezca mucho pensar en ciertas cosas.
Te agradezco muchísimo que contribuyeras al acercamiento entre ellos y nosotros. Fue una gran idea organizar una comida en día de nochebuena para los cuatro en el restaurante donde celebraron las bodas de plata. Sabias que era el preferido de la ama, tu siempre teniendo en cuenta esos detalles.
Al principio fue estupendo, incluso sonaron carcajadas en las conversaciones y por fin conseguimos convencer al aita para tener una foto los cuatro juntos. Por cierto, te envío una copia para que la guardes o si lo consideras apropiado se la des a la ama.
Pero como siempre la ama no aguanto mucho sin sacar los temas de siempre. Cuando nos sirvieron el cordero asado y sin que nadie lo esperáramos, soltó la pregunta del millón. ¿Y al final cuando os casáis?
Te prometo que no salte enseguida. Xabier me cogió de la mano, tranquilizándome con la mirada. Con su voz jovial y sin levantar el tono, les explicó a los aitas que teníamos una gran noticia que comunicarles. Algo que llenaría de alegría a toda la familia.
Y ya no aguanté más y lo solté a bocajarro. Estoy embarazada Jon. Quería que fueras el siguiente en saberlo.
Queríamos aprovechar esta comida para dar la buena noticia a los aitas. Hacerles comprender que nuestra relación está más allá de compromisos en el papel y que pensábamos formar una familia. Una familia unida como la que siempre hemos conocido tú y yo.
Como podrás imaginarte, aquella confesión fue como un jarro de agua fría para los aitas. La ama quería decir algo, pero el aita le interrumpió y dijo que disfrutáramos del cordero y de un buen postre.
Lo que sigue te lo puedes imaginar. El silencio era tan denso que el cordero parecía mantequilla en comparación. Pero tomamos el postre aunque en el café la ama no aguantó más y dijo que quería irse a casa, que no se encontraba bien. Se levantó y sin mirarnos siquiera, se despidió como si lo hiciera de un desconocido. El aita también se levantó suspirando, me dio un beso, la mano a Xabier y consiguió balbucear que nos cuidáramos mucho.
Y así están las cosas Jon.
Como comprenderás este año no iremos a la cena de nochevieja. El ambiente está demasiado revuelto y sería una hipocresía por nuestra parte visitaros. Además me imagino que los aitas, sobre todo la ama, no querrá ni oír hablar del tema.
Sigo pensando Jon que nuestra madre se equivoca. Siempre nos ha inculcado que lo importante son las personas y sentimientos, no las apariencias ni el que dirán.
Xabier y yo esperamos que lo entiendas.
Muxu haundia zuretzat.
Tu hermana Ainhoa.

Releí la carta por lo menos cuatro veces.

No era capaz de entender porque la abuela María se había enfadado tanto. Tampoco entendía muy bien porque la ama no hacía lo que la abuela quería. Mi cabeza era un océano donde habitaban muchas preguntas, dudas…

Y eso que había tenido una suerte increíble encontrando esta carta. Mi labor detectivesca se había enfriado un poco durante la última semana, ya que no conseguía encontrar más fotos, postales o cartas de aquella época. Llegué a pensar que mi afán por parecerme a Sherlock Holmes era un sueño inalcanzable. Incluso se me había ocurrido contratar los servicios de un Watson, compañero inseparable del gran detective. ¿Pero con quien iba a compartir mi espíritu aventurero?

Ainara era muy pequeñita, no hubiera entendido nada y sobre todo lo hubiera considerado un juego aburrido.

El aita me hubiera mirado divertido, sin entender porque no había ido directamente a hablar con él. Sólo por ese motivo hubiera estropeado mi secreto trabajo investigador.

Imposible con la ama. Aparte que era ella la diana de las pesquisas, me hubiera castigado de por vida sin la play.

Ander hubiera sido un gran colaborador. Pero en pocas ocasiones no me tomaba en serio con mis fantasías y últimamente pensaba más en Lorea su novia que en otra cosa. Seguramente le hubiera interesado lo mismo que a mí el tema, aunque no me atreví a interrumpirle sus vivencias de noviazgo.

La última opción era el tío Jon. Pero después de la escena del zumo de naranja no me volvió a mencionar nada de la ama y la abuela y deseché la idea nada más tenerla. Estaba seguro que él deseaba que los problemas salieran a la luz después de tanto tiempo y se arreglaran las cosas en la familia. Hubiera cambiado su famoso lema de carpe diem por que las aguas volvieran a su cauce.

Y en ese dilema me encontraba en ese momento. Anclado con mi buque en medio de ese océano de dudas. Las tempestades se habían ido ya, los oleajes ya no amenazaban las velas de mi navío, simplemente porque una calma chicha había invadido la cubierta de mis investigaciones.

No había arrojado la toalla todavía, pero pensé que retomar un poco la lectura de los libros de aventuras sería una especie de bálsamo recuperador de mi olfato detectivesco.

Así que ni corto ni perezoso, le comenté al aita que quería leer un libro que él hubiera leído y le hubiera gustado. Siempre habíamos tenido los mismos gustos en las películas, en los comics y sobre todo en los deportes. Seguro que él me recomendaría una novela

Profesor Moriarty

maravillosa, llena de increíbles héroes cotidianos capaces de salvar al mundo de los malvados profesores Moriarty correspondientes.

–      Jajaja… – en un momento me sorprendió que el aita se riera así de mi – Joseba me encanta tu repentina afición por la lectura. Pues verás, a mi me han encantado muchos libros, pero me dejó un sabor especial “Los tres mosqueteros” de Alejandro Dumas. Me hizo comprender el valor de la amistad y la importancia de ser fiel a tus ideales. Después de comer lo busco en la librería, ese inmenso mueble alias “mercadillo de rastro” que tenemos en la ganbara y te lo presto ¿vale?

Asentí sonriendo. Me reproché interiormente el haber pensado que el aita se estaba mofando de mí. ¿Valor de la amistad? ¿Fiel a los ideales? ¡Seguro que me iba a gustar!

Recordé además que hacía tiempo, una tarde lluviosa de otoño, la ama nos había puesto en el DVD a Ainara y a mi unos capítulos de una serie de dibujos animados que se llamaba “D’Artacan y los tres mosqueperros”. Me regocijé interiormente, ya que lo había pasado en grande disfrutando de las aventuras de D’Artacan, Amis, Pontos y Dogos. Claro que en los dibujos eran perros. ¿Qué serían en la novela de Alejandro Dumas?

Así me encontraba yo imaginando el mundo de los mosqueteros después de comer, cuando el aita interrumpió mis cavilaciones:

–      Joseba maitia – dijo con un poquito de pesar en la voz – lo siento mucho pero no encuentro el libro de “Los tres mosqueteros” en la ganbara. Es posible que en alguna limpieza hace tiempo se me despistara y lo metería en las cajas que solemos llevar a los Servicios Sociales.

–      Vaya… – se me escapó con voz desanimada.

–      Pero no te preocupes – exclamó acto seguido con ánimo, observando mi cara de resignación – ¡Todo tiene solución en esta vida! Mañana sin falta vamos a la biblioteca, lo buscamos y lo traemos para casa. ¡Seguro que en las dos semanas que nos dejan tener los libros en casa, serás capaz de leerlo!

¡Y tanto que era capaz de leerlo en dos semanas! Como siempre el aita consiguió alegrarme el ánimo.

Pero de repente, mi espíritu detectivesco me llevó a pensar que seguramente el tío Jon podía tener algún ejemplar de los mosqueteros, escondido en la habitación compartida con Ander, debajo de los cientos de camisetas, pantalones y demás cajas que había traído consigo desde que empezó a vivir con nosotros.

¿Para qué esperar a mañana? Un escalofrío impaciente empezó a recorrerme la espalda, obligándome a incorporarme de mi siempre mala postura en el sofá, al lado de la ama. Ni corto ni perezoso, aprovechando la distracción de los aitas y de Ainara viendo la película de la tele, me dirigí raudo y veloz pero sigilosamente a la habitación del tío Jon. Sabía positivamente que ni Ander ni él estaban en casa. El tío con su cuadrilla viendo el partido de fútbol en algún bar y Ander con Lorea… vete a saber haciendo qué y donde.

Al entrar en la habitación, de un vistazo me día cuenta que había varias cajas apiladas una encima de la otra. En algunas había ropa, en otras carpetas y en otras muchos

D’Artagnan, Athos, Aramis y Portos

libros. El contenido de algunas ya lo había revisado anteriormente en presencia del tío Jon y no me sonaba haber visto el libro de los mosqueteros. Así que decidí empezar por una caja que no estuviera abierta.

¡Bingo! Había bastantes libros. El primero era uno muy voluminoso. “El señor de los anillos” se titulaba. Tenía que preguntar al tío Jon de que se trataba. Al intentar sacarlo para ir haciendo un montón en el suelo, se abrió ligeramente, cayéndose de su interior un sobre. Mi atrevimiento y curiosidad levantaron una de mis cejas, simulando ser Sherlock cuando encuentra una pista.

Mi sorpresa fue inmediata al coger el sobre. La letra era la de la ama. Y el corazón dio un vuelco al encontrar dentro una carta con la misma letra y una foto conocida. Era en un restaurante. Estaban el aita, la ama, la abuela María y el abuelo Ignacio. La misma foto que hacía unos días había visto en un álbum de los aitas.

¡Cuando empecé a leer la carta, el corazón quería salírseme del pecho!

Pero en la cuarta lectura, el corazón naufragó en ese océano lleno de dudas y preguntas.

–      ¿Se puede saber qué haces revolviendo las cosas del tío Jon?

Era la voz de mi hermano. Estaba tan distraído en mi mundo de intrigas que no me había dado cuenta que había aparecido en la puerta de su cuarto. Encima, detrás de su rostro con entrecejo de pocos amigos conseguí vislumbrar la sonrisa burlona de Lorea su novia.

Me habían pillado infraganti.

¿Cómo iba a explicar mi incursión en las pertenencias del tío Jon?

Y lo más importante.

¿Cómo iba a reaccionar mi hermano Ander?

La calma chicha de mi océano particular de misterios desapareció para dar paso a violentas tempestades.

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3 pensamientos en “Las tribulaciones de Joseba: Tempestad inesperada

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  3. Kaixo kaixo!

    Y por fin ha llegado el capítulo XIV de tribulaciones…. has hecho que esperáramos, pero ha merecido la pena! Parece que ha tomado buena nota de Sherlock y el instinto le ha dicho donde seguir buscando…

    Claro, que lo complicado ahora me lo dejas a mí… y es que lo que te gusta complicarme las tribulaciones para que yo saque al pobre Joseba del lío! jejeje! Ya veremos como apaño yo esto….

    Te ha quedado un capítulo genial, me has sorprendido, no esperaba yo esta vuelta de tuerca 🙂

    Muxu handi laztana

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