1 de 8 millones

Eran las once y media de la noche del jueves santo.

23:30 si programas los relojes con la opción 24h.

Nos encontrábamos en la célebre semana santa jerezana.

El tiempo estaba respetando. Eso solamente quería decir que la lluvia había hecho acto de presencia simbólico, aunque el frío invernal venía a sustituir las templadas temperaturas propias de estas fechas de abril en tierras extremeñas.

Torre de San Miguel

Aposentamos nuestras espaldas contra las puertas de cristal del único cine del pueblo, otrora sitio de esparcimiento durante los fines de semana, en la actualidad cerrado a cal y canto por la imposibilidad de mantenerlo abierto.

Un tanto más para la crisis.

Dichas puertas de cristal se encuentran en medio de la calle de La Corredera, bastante ancha por cierto si la comparamos con otras calles de Jerez.

Es uno de los mejores sitios para esperar pacientemente el paso de “los pasos”, los nazarenos y las bandas de música que acompañan y amenizan cuasi devotamente las magníficas obras de arte portadas por los costaleros.

Llevo bastantes años asistiendo a las procesiones jerezanas de la semana santa, confieso que no precisamente por devoción, pero sí con una cierta admiración por el sentimiento que demuestran durante su recorrido. Ya sea por la paciencia de respirar pesadamente bajo la capucha de nazareno, ya sea por soportar unos cuantos kilos de pesada madera sobre sus hombros o ya sea por tocar con maestría la corneta, trompeta, tambor con dedos entumecidos por el frío nocturno y las pesadas paradas de descanso.

Nazarenos

En resumen, todas las procesiones te presentan el mismo espectáculo, con diferencia de colores en los trajes de nazareno o diferencia en la magnificencia de los mantos de las vírgenes.

Pero lo que a mí me distrae en las procesiones y reclama mi curiosidad, es lo que ocurre en las filas de fieles espectadores que aguantan con paciencia el lento paso de los “pasos”.

Disponer de una capacidad auditiva que pueda englobar y aislar ruidos, comentarios y conversaciones cercanas puede definirse como cotilleo puro y duro. Permitidme pensar que dispongo de una capacidad extrasensorial cercana a los súper poderes de los héroes de comic.

#Hedicho. 8)

Disfrutando del peculiar traje de los nazarenos de la Pontificia y Real Cofradía del Señor Coronado de Espinas, Santísimo Cristo de la Flagelación y María Santísima de la Amargura, sayas blancas de colas larguísimas, algunas alcanzando los seis metros de longitud, mi súper poder “cotilla” captó una conversación a unos dos metros a la derecha de mi ubicación que inmediatamente procesé aislándola del mundanal ruido para poder escucharla con toda la atención.

  • Ya llega “El Coronado” – dijo una voz serena de jubilado.
  • Si – le contestó una voz pelín chillona de mujer, típica “mari” como dicen por estas tierras extremeñas – ¡Fíjate que bonito lo tienen!
  • Y fíjate, algunos llevan los pies descalzos, seguro que han hecho alguna promesa – dijo el jubilado.
  • Sí… como en su día quería cumplir nuestro Paquillo… pero no pudo ser, no pudo ser… – contestó la mari con voz ahogada – se lo quiso llevar “El Coronado”…

En ese momento, la banda de cornetas y tambores de “Los Catalinos”, inició una de sus magnificas interpretaciones, llenando las calles de una intensidad musical capaz de arrancar exclamaciones de admiración de cualquiera de los asistentes a la procesión.

Se quedó grabada en mi cerebelo la conversación de los ancianetes y aprovechando que asistía al evento con una pareja de nativos de Jerez, les pregunté con curiosidad y por lo bajini, si conocían a dicha pareja, relatándoles brevemente la historia que había captado mi súper poder auditivo.

Un vistazo curioso y de reojillo de mis compañeros, con la posterior cara de comprensión mezclada con algo de pena, me hizo entender que iba a conseguir una explicación de la conversación medio regalada, medio robada.

Hacía un par de años que Paquillo, el hijo de la devota pareja, tuvo que emigrar del pueblo, ya que habían realizado un ERE en la empresa metalurgia donde trabajaba.

Ni corto ni perezoso, antes del movimiento ambulatorio, Paquillo realizó la promesa de que si conseguía trabajo, llevaría a “El Coronado” con los pies descalzos el jueves santo, en señal de agradecimiento.

Porque aparte de hijo único y técnico electricista alias “chispas”, el joven jerezano era cofrade y costalero del paso del “Señor Coronado de Espinas”

El viaje migratorio no fue muy lejano, tierras gaditanas por más señas.

Y con buen resultado ya que en apenas unos dos meses, consiguió trabajo en un taller de reparaciones eléctricas de coches. Vamos… regalo del cielo y de nuestro Santísimo Cristo Coronado de Espinas.

Y qué manera mejor de agradecer esta nueva actividad laboral que cumplir con “El Coronado” la promesa establecida. Aguantar sobre los hombros cuarenta, cincuenta kilos de paso, con los pies descalzos yendo por calles asfaltadas o adoquinadas, llenas de bolsas de plástico, envoltorios de chucherías, cascaras de pipas y algún que otro cristal de vaso roto o lata de refresco.

Para qué están las papeleras, me pregunté.

Pero lo que “El Coronado” nos da, también nos lo puede quitar.

La velocidad excesiva del A3 cuando entraba en la última curva antes de llegar al pueblo, provocó la salida de Paquillo de la carretera y el fatídico choque contra una torre de hormigón que la empresa suministradora de electricidad de estos lares tuvo a bien ubicar en tan adecuado sitio.

Fallecimiento instantáneo.

Dolor inconmensurable de los padres.

Tragedia del pueblo durante al menos los días de la semana santa.

Y reflexionándome que me quedé.

Como generalmente te quedas cuando escuchas dramas propios de un culebrón venezolano, pero que realmente han ocurrido en la vida real.

Lo grave de todo es que nos puede ocurrir a tod@s en cualquier momento de nuestras vidas.

Durante mi viaje a tierras extremeñas, la radio, una de las compañeras de viaje más fieles, iba desgranando las noticias de los movimientos de tráfico en la llamada “Operación Salida”

Ocho millones de desplazamientos de automóviles solamente durante la jornada del miércoles.

Una cantidad ingente de vidas en busca de un merecido descanso, de la desconexión de la rutina diaria, del disfrutar de una relajación realizando cualquier actividad que no puedes desarrollar normalmente.

Incluso algunos, como Paquillo, se montaron en su flamante coche conduciendo a más velocidad de la aconsejable, para poder llegar a tiempo de cumplir una promesa ofrecida a “El Coronado”

Afloraron muchas reflexiones en mis pensamientos.

Una importante fue la compresión de la fragilidad de la bolita de nuestras vidas en la caprichosa ruleta de la existencia.

Y otra no menos importante.

Yo he sido uno de los ocho millones de desplazamientos que ha llegado a su destino.

Me siento bien, me siento a gusto, me siento relajado.

También un poco extraño, porque no he agradecido a nadie el poder cumplir objetivos, como la llegada afortunada a mi destino de vacaciones.

Si me permitís, os agradezco a vosotros el poder escribir este post.

Y por supuesto, tengo sobrados motivos para agradeceros vuestra visita.

Y por último, aunque no menos importante y lleno de esperanza… ¿hacemos el propósito de ser parte de esos millones que llegan a su destino en la operación retorno?

Un abrazo para tod@s.

Imagen de previsualización de YouTube


Share

4 pensamientos en “1 de 8 millones

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Pingback: 1 de 8 millones

  3. Kaixo!

    Como siempre precioso relato, triste pero precioso, tenemos que tener cuidado en las carreteras, que son muy traicioneras o igual los traicioneros y un poquito descerebrados somos nosotros…

    Muxu handi maitia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *