Metro ochenta de barro

– Parece que has tenido un día duro – le comenté a un amigo, apoyado cabizbajo y pensativo en la barra de la taberna donde solemos potear.

– Más que duro…ha sido un día para olvidar…estoy asqueado de la vida que llevamos, de nuestras quejas sin sentido, de nuestros maravillosos políticos, de… – se interrumpió. Su mirada se perdió entre las botellas del mostrador de madera.

– Anda, saco otra ronda y cuéntame porque somos una mierda…

Francamente, no tenía ni pizca de ganas de tener ninguna conversación trascendental para arreglar el mundo. Yo también había tenido una jornada laboral … Sigue nadando...